Pequeños cambios de hábito que, sumados, hacen una diferencia real en tu consumo de agua, energía y residuos.
Mientras te lavas las manos, los dientes o los platos, cierra la llave. Puedes ahorrar varios litros por minuto sin notar la diferencia en tu rutina.
Colocar una cubeta o tinaco para captar agua de lluvia te permite regar plantas o trapear sin usar agua potable.
Consumen hasta 80% menos energía que un foco incandescente y duran muchas veces más tiempo.
Cargadores y aparatos en modo de espera siguen consumiendo electricidad. Desenchúfalos cuando no los necesites.
Lleva tus propias bolsas de tela al hacer las compras en lugar de pedir bolsas de plástico de un solo uso.
Cáscaras y restos de comida se pueden convertir en abono natural en lugar de ir directo a la basura.
Elegir productos con poco empaque o a granel reduce la cantidad de envoltura que termina en la basura.
Alargar la vida útil de un objeto, en lugar de remplazarlo, reduce su huella ambiental total.
¿Quieres ver de dónde sale la energía que ahorras o a dónde va tu basura cuando la separas bien?